Director Gary Mohr Ohio Corrections

Remando contra la corriente para mejorar el sistema y reducir la reincidencia

// Entrevista: Gary Mohr

Director del Departamento de Rehabilitación y Correccionales de Ohio, Estados Unidos de América

JT: Mucha gente cree que en los EE.UU. hay un enfoque más bien punitivo, pero usted está más a favor de la rehabilitación. ¿Qué le llevó a concebir un enfoque más innovador del sistema?

GM: La base de mi creencia es la idea de que todos somos seres humanos que merecemos una segunda oportunidad. Voy a contar una historia rápida que es la base de todo lo que estamos haciendo: Fui guardia de prisión durante unos 12 años, me jubilé en 2002 y llevaba una buena vida: tenía una empresa de consultoría con mi esposa, trabajábamos y viajábamos mucho, disfrutábamos de la vida.

En diciembre de 2010, recibí una llamada de la oficina del Gobernador (de Ohio) John Kasich, en la cual se me preguntaba si estaría interesado en ser el director del Departamento de Rehabilitación y Correccionales de Ohio. Me sentí honrado, pero dije que no. Esa semana recibí otras dos llamadas y volví a decir que no. En la cuarta llamada me pidieron que al menos fuera y hablara con el Gobernador sobre sus ideas.

Así que, el 27 de diciembre de 2010, fui y tuve una conversación de 15 minutos con él. Me dijo lo que le aconsejaban hacer (heredó un déficit de 8000 millones de dólares): cerrar prisiones, reducir la mano de obra y enviar a los reclusos fuera del estado, a instalaciones privatizadas de menor coste.

Me preguntó qué pensaba de esos planes y le dije que era lo más estúpido que había oído. Quince minutos se convirtieron en tres horas, tuvimos algunas discusiones acaloradas y al final, el Gobernador dijo que me quería en este trabajo y que podría hacerlo a mi manera. Le dije que mi creencia central es que la gente puede cambiar y que es una vocación noble el ser parte de ese cambio. Acepté el trabajo en ese momento, sabiendo que iba a ser duro.

Contrariamente a lo que estoy viendo en algunas de las propuestas legislativas y en los proyectos de ley propuestos en nuestra legislatura estatal, yo creo en las segundas oportunidades. Cuando las personas salen de la cárcel, tienen una batalla extraordinariamente difícil con todas las consecuencias colaterales; por lo tanto, debemos mantener a los delincuentes no violentos, aquellos que a menudo necesitan tratamientos de salud mental o de adicción a las drogas en la comunidad, donde el tratamiento es más eficaz, a un tercio del coste, y no debemos usar estas consecuencias colaterales como base.

El dinero ahorrado con este enfoque debería redirigirse e invertirse, en primer lugar, en la vida de los habitantes de Ohio. Durante este período de ocho años, “hacerlo a mi manera” significa que nuestra atención se centra en los seres humanos, en proteger a la gente bajo custodia, en mantener a la comunidad segura y, francamente, en ampliar las sonrisas. Hacerlo bien también es hacer las cosas de acuerdo con la evidencia científica.

Hay algunas ideas muy punitivas (en este estado y en este país) sobre cómo tratar a los delincuentes no violentos, y eso es contra lo que estoy luchando. ¡Y lucho porque no necesito este trabajo! Acabamos de pasar por una campaña de elección primaria y escuchamos mucho las palabras “conservador” y “duro”. ¡No escuché la palabra “compasión” ni una vez! Cuando se trata de justicia penal, la “compasión” sería una característica muy positiva.

Hay algunas ideas muy punitivas (en este estado y en este país) sobre cómo tratar a los delincuentes no violentos, y eso es contra lo que estoy luchando.

JT: ¿En qué se destaca positivamente el Departamento de Rehabilitación y Correccionales de Ohio (ODRC)?

GM: Presté juramento el 4 de enero de 2011, y a principios de ese año cambiamos nuestra declaración de misión: partimos de una que abarcaba una página y media y se enfocaba principalmente en el confinamiento seguro y simplemente llegamos a esto: “reducir la reincidencia entre aquellos con quienes tenemos contacto”. Esta declaración abarca tanto la seguridad como la rehabilitación.

En las cárceles, creamos unos centros de reinserción donde mantenemos a la gente ocupada de manera productiva y prosocial de 8 a 10 horas al día. Para ello creamos varios caminos, que van de la educación vocacional a la académica, y al reconocimiento de las víctimas. Y, en estas unidades, estoy enviando reclusos fuera – a nivel mundial, puede que esto no sea la gran cosa, pero en los Estados Unidos sí lo es – a trabajar con empleadores del sector privado que se han comprometido a contratarlos cuando sean puestos en libertad.

Además, estamos poniendo los currículos de nuestros reclusos en OhioMeansJobs.com, que es la página de reclutamiento estatal. Creamos el Certificado de Competencias y Educación (CQE, por sus siglas en inglés), lo que implica que los jueces ahora pueden ver el proceso de mejoría de una persona, ver su naturaleza prosocial y pueden cancelar y eliminar las consecuencias colaterales que limitan a las personas en materia de trabajo, vivienda, etc.

Los empleadores del sector privado y las iglesias son importantes, porque la idea que apoya la excesiva encarcelación en este país es el sentimiento público de que, de alguna manera, los reclusos son inferiores a nosotros. A finales de la década de 1960, recuerdo haber visto a Robert Kennedy postularse para presidente; estaba haciendo campaña en el empobrecido sur y los típicos políticos blancos que dirigían el gobierno de allí decían: “Oh, hay un tal Robert Kennedy que está con ‘esas personas’“, es decir, con las personas de raza negra. Hoy en día, ese “esas personas” se refiere a las personas que están en prisión. Somos testigos de este tipo de sistema de castas, algo que no es saludable.

Tal sistema de creencias crea una barrera para el empleo, crea una barrera para la vida y, en última instancia, crea infelicidad y perpetúa el status quo. ¡Estoy predicando el cambio! En las últimas semanas, he conversado con católicos, metodistas y judíos y les he hablado muy directamente para instarlos a que se involucren con nosotros y analicen estos proyectos de ley que están pendientes. Las iglesias pueden ayudar a cambiar los corazones, lo cual es algo que necesitamos hacer.

 

El director Mohr con una oficial de libertad condicional local haciendo visitas a domicilio

JT: ¿Cuáles son los principales objetivos y cómo los ha estado desarrollando cuando se trata de las iniciativas para la reducción de la población carcelaria en todo Estados Unidos?

GM: Hay varios estados que, por muchas razones (como las razones económicas), han reducido exitosamente su población carcelaria. Lo han hecho a través de legislaturas estatales, reduciendo algunas de las sanciones para convertirlas en sanciones basadas en la comunidad. En Ohio, deberíamos estar haciendo mucho más para desviar los delitos de posesión de drogas y tratarlos con medidas correctivas comunitarias, porque vemos que la mayor razón por la que la gente es enviada a prisión es por cargos de posesión de drogas. ¿Por qué estamos enviando a la cárcel a gente que tiene una adicción? ¿Por qué estamos tratando la adicción como un asunto de justicia criminal y no como una enfermedad? Tom Clements, un exdirector de Colorado, decía esta frase: “Las cárceles son para la gente a quien tememos, no para aquella con la que estamos enfadados”. Desafortunadamente, hay mucha gente en nuestras prisiones con la que estamos enfadados.

Soy el presidente electo de la Asociación Correccional Americana, y nosotros hablamos del encarcelamiento masivo y promovemos políticas para los delincuentes no violentos, así que yo diría que hay una presión nacional para instar a que se efectúen algunos cambios. El día que empecé a trabajar en el sector correccional como ayudante de maestro en una prisión, 8300 residentes de Ohio estaban en prisión; durante mi mandato aquí hay más de 50 000. Y entonces solo teníamos un 5% de la fuerza laboral asignada a nuestra agencia, hoy tenemos un 25%. El día que empecé, el presupuesto para operar el sistema era de 54 millones de dólares; en la actualidad, ¡el presupuesto es de 1800 millones de dólares! No estoy seguro de que los ciudadanos se sientan más tranquilos ante este aumento masivo del gasto.

Actualmente hay veinticuatro leyes en Ohio que, de aprobarse, sumarían otros 10 000 reclusos; otros 250 millones de dólares solo para operar. Y no tenemos instalaciones, así que, para colmo, tendríamos que construir. Antes de hacer eso, ¿no deberíamos estar invirtiendo recursos en las vidas de las personas? A veces, luchar contra esta desafortunada realidad se vuelve frustrante… Trabajamos con los legisladores para crear esta legislación, y es buena: mejora la capacidad de “sellar expedientes”, expande el tratamiento en lugar de la prisión y mejora la capacidad de los jueces para tomar decisiones útiles.

Sugerimos que el estatuto incluyera la rehabilitación como un principio al momento de determinar las penas, así que añadimos ese lenguaje, y luego testifiqué pero, tan pronto como terminé, la asociación de fiscales de Ohio se presentó y se opuso. ¡Dijeron que eso socavaría la seguridad pública! ¡Así que decir que estoy frustrado es quedarse corto!

JT: El ODRC ha ordenado el desarrollo de un plan maestro, ¿podría explicar en qué consiste y los cambios que se han producido durante su implementación?

GM: El plan maestro se enfoca en la siguiente pregunta: “¿es nuestro entorno físico el apropiado para cumplir con nuestra misión de reducir la reincidencia?” Bueno, no lo es; la prisión más nueva que tenemos creo que fue construida en 1999, y tenemos estas prisiones lineales que no tienen espacio para programas, etc. Por lo tanto, hay tres cárceles a las que estamos haciendo cambios importantes.

A una de las instalaciones le agregamos 160 camas para enfermos mentales graves (es una pena que seamos el mayor proveedor de salud mental en Ohio) y estamos creando casi 200 plazas geriátricas para reclusos mayores. Además, las mujeres son el componente de más rápido crecimiento de nuestra población carcelaria y tienen las necesidades más elevadas en materia de salud mental; además, en realidad, tienen una mayor tasa de adicción que los hombres y son menos violentas.

Ahora, dime, lógicamente, ¿debería ser ese nuestro elemento de crecimiento más rápido? ¡No! Pero tal como están las cosas, estamos reconstruyendo una parte significativa de nuestras instalaciones para mujeres; va a ser como un centro comercial de tratamiento. Además, tenemos el Centro Médico – vamos a invertir 47 millones de dólares en él – con camas adicionales para los pacientes con problemas de salud mental, y otras 300 camas médicas.

Con el plan maestro, estamos tratando de abordar las necesidades médicas y de salud mental y, al mismo tiempo, estas nuevas unidades tienen espacio para llevar a cabo programas y utilizaremos alguna tecnología para mejorar el tiempo de realización de los programas, por ejemplo, utilizaremos la tecnología para evitar contar cada recluso siete veces al día. Hemos dedicado mucho tiempo y esfuerzo trabajando con la Universidad de Cincinnati en particular para evaluar los programas que ofrecemos en nuestras cárceles.

Nuestros programas basados en la evidencia reducen la reincidencia y la violencia, por lo tanto, cuando comenzamos a reducir la oferta de estos programas debido a otras cosas, como esto de contar reclusos, estamos potenciando la violencia y aumentando la reincidencia. Espero que cuando se finalicen estas instalaciones acabemos con un modelo para el resto del sistema penitenciario.

JT: La gran mayoría de los reclusos de Ohio tienen drogodependencia. ¿En qué medida cree que despenalizar el uso de las drogas podría tener un efecto positivo?

GM: Cuando se trata de adictos a las drogas, lo que estamos haciendo ahora ciertamente no está funcionando. En Ohio, más del 10% de todos los hombres y el 23,8 % de las mujeres que llegan a la prisión tienen como delito más grave la posesión de drogas [y recibimos 20 000 habitantes de Ohio por año; la mayoría de ellos hombres].

Desde que fui director, hemos aumentado nuestra financiación para las comunidades que están fuera de nuestro presupuesto en más de 100 millones de dólares al año, y es frustrante observar que de 2015 a 2017 hubo un aumento del 5,5% en la cantidad de hombres que han llegado a la cárcel y cuyo delito más grave es la posesión de drogas. En las mujeres, este aumento es del 10,8%.

Por eso, pasamos dos años estudiando la ley de Ohio con un comité de veintiséis personas, incluidos legisladores, y creamos un capítulo sobre drogas en el Código Revisado de Ohio, que fomentó el tratamiento como alternativa a prisión, entre otras cosas. No hay mucho que hacer por una persona adicta que va a prisión por uno o dos meses. Sin embargo, ese tiempo genera cientos de consecuencias colaterales que impiden conseguir futuros trabajos y dificultan otros medios de integración social. El continuar enviando a más y más personas a prisión por posesión de drogas no está apoyando la rehabilitación personal ni la seguridad pública.

Tenemos que hacer un cambio drástico, debemos asegurarnos de que estamos alejando a las personas no violentas de la cárcel y de que estamos utilizando esos recursos y tratando a las personas. Incluso los más conservadores apoyarían la obtención de resultados más efectivos a un coste menor. Anticiparía que, en noviembre, Ohio tendrá un referéndum que fundamentalmente podría reducir algunos de los delitos graves de posesión de drogas y convertirlos en delitos menores. La gente de a pie y las comunidades piden tratamiento para aquellos que tienen una adicción a las drogas, no mayores penas. El problema es que lo que estoy observando en nuestra legislatura no refleja una visión de la adicción como enfermedad.

El sistema debe basarse en incentivos y algunos desincentivos. En este momento, no importa la forma en que una persona pasa tiempo en prisión. ¡Simplemente, da igual!

JT: ¿Cómo le gustaría que fuera el futuro del ODRC?

GM: Me gustaría que tanto nosotros como nuestro presupuesto fuéramos más pequeños y me gustaría que esos recursos se invirtieran en mejorar las vidas de las personas. Me gustaría ejercer una mayor influencia en la prevención. Me gustaría ir a lugares que no fueran prisiones, donde los padres y abuelos puedan llevar a sus hijos o nietos y decir: “Creo que tenemos un problema” y que entraran y fueran tratados.

Además, el sistema debe basarse en incentivos y algunos desincentivos. En este momento, no importa la forma en que una persona pasa tiempo en prisión. ¡Simplemente, da igual! No hay incentivos significativos para las personas que obtienen diplomas de escuela secundaria, capacitación vocacional, participación en comunidades de medicamentos terapéuticos u otros programas basadosen la evidencia que realmente marcan la diferencia. Creo que si completan los programas, deberían obtener una reducción tangible de su condena; debería haber una mayor progresión y una mayor sensación de lo que haces en prisión cuenta.

Creo que debería haber menos separación entre nosotros y la gente: las iglesias y los empleadores deben seguir involucrándose. Los reclusos deberían tener un trabajo antes de salir de la cárcel y ahora mismo es en lo que estamos trabajando: formamos a conductores de camión en prisión y les damos CDL (licencias de conducir comerciales, por sus siglas en inglés). De hecho, tenemos plataformas donde los reclusos aprenden a conducir camiones bajo supervisión. El día en que se van, están conectados con una empresa de transporte que los contratará a todos. Ese es el tipo de visión que deberíamos tener en todos estos tipos de áreas vocacionales.

Finalmente, me gustaría mencionar el tema de la prisión preventiva y nuestro sistema de libertad bajo fianza: el 61% de todos los residentes de Ohio que están en nuestras cárceles no han sido declarados culpables. Las investigaciones nos dicen que las personas que van a juicio desde la cárcel presentan un índice mayor de condenas y reciben penas más altas. Por lo tanto, no solo se trata del sistema penitenciario, sino de la forma en que tratamos a las personas que no tienen dinero. Hay una ley que apoyamos que dice que el hecho de que una persona permanezca en la cárcel no debe basarse en la cantidad de dinero que ella tenga, sino que se debe basar en una evaluación de riesgos.

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Gary C. Mohr es director del Departamento de Rehabilitación y Correccionales de Ohio desde 2011. Ha ocupado diferentes cargos, incluido el de director de la Oficina de Justicia Penal del Gobernador (1992-1994), donde dirigió la investigación sobre la causa del motín de 1993 en Lucasville. Ha recibido varios premios por la innovación en prácticas correccionales, por su apoyo a las correcciones comunitarias y por su compromiso con la acreditación correccional. Él es miembro del Consejo Asesor de Alternativas Seguras a la Segregación, del Vera Institute, y es el presidente electo de la Asociación Americana de Prisiones (ACA, por sus siglas en inglés). Su reputación de ser un reformador penitenciario innovador es reconocida a nivel nacional.

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