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Del castigo a la rehabilitación: Namibia como faro de la modernidad en África

Entrevista

Raphael T. Hamunyela

Comisario General, Servicio Penitenciario de Namibia

Nuestro entrevistado se incorporó al Servicio Penitenciario de Namibia (NCS) en 1994 como funcionario de prisiones. Fue ascendiendo posiciones hasta que, en 2014, pasó a ocupar el cargo de Comisario General. Una trayectoria de casi treinta años al servicio de una organización le han proporcionado una visión completa de su evolución. El Sr. Hamunyela ayudó y formó parte de los esfuerzos de reforma de la organización para volverse moderna y centrada en la rehabilitación.

¿Cuáles son las diferencias destacadas desde que usted empezó en el Servicio Penitenciario de Namibia?

RH: Antes de 1990, cuando Namibia alcanzó la independencia, bajo la era colonial, el servicio de prisiones solía ser una institución opresora. En consecuencia, no estaba bien visto por el público. Tampoco había programas de rehabilitación, y todo giraba en torno a la seguridad de la prisión y el castigo a los condenados.

Cuando me incorporé en 1994, se conocía como el Servicio de Prisiones de Namibia. En 1995 devino un auténtico Ministerio de Prisiones y Servicios Correccionales. Quien entonces presidía el país, el Dr. Sam Nujoma, dispuso que las prisiones debían ocuparse de rehabilitar a las personas en ellas custodiadas.

La sustitución de la Ley de prisiones de 1959 por la de 1998 marcó el comienzo de un nuevo modelo de tratamiento para los reclusos. También tenía por objetivo pasar del castigo a la reforma. Las prisiones se transformaron en instituciones donde se aprendía y se corregía.
Por aquel entonces, nos comprometimos a completar nuestro nuevo enfoque penitenciario con puntos de referencia, formación y redes robustas.

A finales de la década de 1990, el Servicio de Prisiones de Namibia se unió a asociaciones sectoriales internacionales; en particular, la Asociación Africana de Servicios Penitenciarios (ACSA) y la Asociación Internacional de Prisiones (ICPA). Gracias a ello, aprendimos sobre buenas prácticas y establecimos alianzas con países y organizaciones que nos ayudaron a integrar dichas prácticas y a formar a nuestros funcionarios en la gestión de todos los cambios.

En 2008, el Servicio de Prisiones de Namibia adoptó la Estrategia Penitenciaria de Gestión del Riesgo del Delincuente (ORMCS, por sus siglas en inglés). Adaptamos este método moderno, basado en la evidencia, al perfil de la población namibia. Entre los muchos cambios que este nuevo método ha aportado, había la contratación de personal especializado (incluidos psicólogos, trabajadores sociales, profesores, sacerdotes, profesionales de oficios, etc.).

En este sentido, vimos que la administración tradicional de los delincuentes no estaba en la línea del método penitenciario moderno que habíamos introducido. Por este motivo, el desarrollo y la introducción subsiguiente del Sistema Electrónico de Gestión de los Delincuentes (OMS) representaron un hito notable, ya que permite recopilar y generar información fiable y precisa sobre los delincuentes.

En 2012, se revocó la antigua Ley de Prisiones, la cual fue sustituida por la nueva Ley de Servicios Penitenciarios. El nuevo marco legal complementa el método penitenciario moderno adoptado y refuerza su gestión y funcionamiento. La Ley también supuso la introducción de nueva terminología, más acorde con el marco de rehabilitación y reintegración.

Nos habíamos hecho cargo de un servicio de prisiones del que se tenía una percepción negativa.
En consecuencia, teníamos que conseguir la confianza y el apoyo de la sociedad. Para ello, introducimos diversos esfuerzos de compromiso con el público e iniciamos estrategias consistentes en la concienciación pública y la educación. Tales esfuerzos han sido muy beneficiosos, ya que recibimos apoyo en diversos sentidos; tanto de programas de rehabilitación, como formación para los funcionarios, patrocinios o donaciones.

Otro aspecto importante de nuestro éxito es la autosuficiencia en materia alimentaria. La producción agrícola y ganadera suele formar parte de programas en que los reclusos participan en diversos establecimientos penitenciarios.

Hoy, dependemos de nosotros mismos para ofrecer a los reclusos una dieta equilibrada, consistente en tres comidas al día. Además, nuestros niveles de producción nos permiten suministrar alimentos a la policía nacional para servir comida a los detenidos; e incluso podemos venderlos al Gobierno a un coste razonable.

He estado en el NCS durante más de 27 años, por lo que he sido parte integrante de la transformación que ha experimentado. Hoy ofrecemos programas eficaces de rehabilitación y reintegración, con lo que contribuimos significativamente a los resultados en materia de seguridad pública.

La administración tradicional de los delincuentes no estaba en la línea del método penitenciario moderno que habíamos introducido. Por este motivo, el desarrollo y la introducción subsiguiente del Sistema Electrónico de Gestión de los Delincuentes (OMS) representaron un hito notable.

Superintendente sénior del NCS en la granja del Centro Penitenciario de Hardap, en el sur de Namibia

 JT: El NCS tiene como visión «convertirse en líder africano en la prestación de servicios penitenciarios».

¿En qué medida y de qué modo se logra la visión de la organización?

RH: Debemos medir nuestro éxito fijándonos en hasta qué punto el NCS ha logrado su cometido. Además, nuestra imagen y reputación en el país y el continente también ejercen influencia.

En lo que se refiere a custodia segura y humana, el NCS ha establecido, entre otras medidas, un sistema integrado de seguridad consistente en cámaras de videovigilancia y sistemas de control de acceso para los establecimientos penitenciarios. Gracias a este sistema somos más capaces de evitar fugas y otros incidentes.

Anualmente, y para completar estos esfuerzos, el NCS imparte formación sobre problemas de seguridad críticos y urgentes. Queremos tener a los funcionarios al día e informados sobre los nuevos métodos de seguridad procedimentales, físicos, dinámicos y de inteligencia.

Otra medida de protección y seguridad consiste en construir o convertir establecimientos penitenciarios para que puedan albergar una Gestión de la Unidad. La Gestión de la Unidad permite que las unidades objeto de gestión sean de dimensiones más reducidas y controlables. Este enfoque en la gestión mejora la seguridad dinámica y permite la supervisión estrecha, la interacción con los reclusos y una mejor clasificación de éstos atendiendo a sus perfiles. Un factor importante para una custodia segura y humana reside en la capacidad de proporcionar un entorno humanitario, saludable e higiénico a los reclusos. Aquí, la seguridad sanitaria es clave.

En este sentido, hemos implantado instalaciones de atención sanitaria en todos los establecimientos penitenciarios. Además, hemos contratado personal sanitario, médicos y personal de enfermería. Les ofrecemos niveles salariales mejores que los que reciben sus homólogos fuera del Servicio Penitenciario.

Nuestra política sanitaria se asienta sobre el principio de que la sanidad en los establecimientos penitenciarios es sanidad pública. Consideramos que los reclusos merecen un acceso a los servicios sanitarios que sea idéntico al que tiene el público en general, o incluso mejor.

Para conseguir que los establecimientos penitenciarios sean conformes con los estándares internacionales, llevamos a cabo una evaluación con la UNODC. Nos proponíamos con ella comprender hasta qué punto nuestros establecimientos penitenciarios cumplen las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos de las Naciones Unidas. Hemos implementado estrategias de corto y largo plazo para que nuestros establecimientos penitenciarios se acerquen lo máximo posible a las reglas de tratamiento.

Por lo tanto, hemos hecho conversiones en la infraestructura para cumplirlas. Además, las nuevas prisiones que se construyan ya serán conformes.

Otro aspecto fundamental de una custodia segura y humana es la seguridad alimentaria. A tal fin, el NCS introdujo la producción de productos agrícolas para la alimentación con el doble objetivo de la rehabilitación y la autosuficiencia alimentaria (granja porcina, cría de animales y producción de cosechas). Estas labores limitan la inactividad de los reclusos, quienes adquieren habilidades en el trabajo agrícola y contribuyen a la seguridad alimentaria y la economía del país.

Nuestros esfuerzos han aportado resultados positivos. Supervisamos a 9 186 delincuentes que salieron en libertad condicional (libertad condicional y condonación) entre diciembre de 2016 y septiembre de 2021. Solo unos 250 (2,73%) fueron procesados otra vez, lo que constituye reflejo de una tasa de nuevas condenas muy baja.
Además, de un modo semejante, supervisamos a 12 705 delincuentes que habían salido de prisión de modo incondicional entre abril de 2017 y septiembre de 2021. Solo 426 (3,35%) habían vuelto a delinquir. Nuevamente, esto muestra la eficacia de nuestros programas de rehabilitación, especialmente si se comparan nuestras tasas de nueva comisión de delitos y reincidencia con las tasas existentes en otros territorios del mundo.

Para conseguir que los establecimientos penitenciarios sean conformes con los estándares internacionales, llevamos a cabo una evaluación con la UNODC. Hemos hecho conversiones en la infraestructura para cumplirlas. Además, las nuevas prisiones que se construyan ya serán conformes.

¿Qué dificultades quedan por superar para que el NCS logre su cometido?

RH: Las restricciones financieras, que suponen un sinfín de insuficiencias en muchas áreas, continúan siendo nuestra dificultad principal.

Debido a la falta de financiación adecuada, no hemos contratado suficiente personal para custodia que permita mantener la seguridad adecuada en los establecimientos penitenciarios. Nuestra estructura organizativa solo cuenta con un 30% del personal que le correspondería. Semejante situación puede desembocar en incidentes desafortunados en nuestros establecimientos.

La proporción entre funcionarios y reclusos es baja, y la carga de trabajo es estresante para los primeros.
El déficit en financiación también ha afectado en otras áreas esenciales; por ejemplo, en el suministro de productos básicos y materiales de limpieza, esenciales para mantener la higiene entre la población reclusa y en sus condiciones de vida.

Otra dificultad es el envejecimiento de una infraestructura que requiere de renovación constante y más equipamiento de seguridad. Además, necesitamos nuevos establecimientos penitenciarios, en especial en regiones donde actualmente no hay ninguno.

 JT: La Estrategia Penitenciaria de Gestión del Riesgo del Delincuente (ORMCS) aparece destacada en el sitio web del NCS.

¿En qué consiste este enfoque y en qué efectos prácticos se traduce?

RH: Nuestra Estrategia Penitenciaria de Gestión del Riesgo del Delincuente (ORMCS) es un enfoque basado en la evidencia que consiste en gestionar los reclusos según sus factores de riesgo. La responsabilidad de su coordinación y éxito corresponde a nuestro Subdepartamento de Rehabilitación y Reintegración.

Una ORMCS eficaz consiste en múltiples componentes de interacción mutua que funcionan para el logro de un propósito común: gestionar, controlar, rehabilitar y reintegrar con éxito a los delincuentes en la comunidad.

Uno de dichos componentes es la Recepción y la Evaluación Inicial del Delincuente. Implantamos un método sistemático para tramitar los ingresos en el establecimiento penitenciario de reclusos acabados de condenar. Nos permite evaluar en el momento oportuno sus necesidades inmediatas, incluidas las relativas a problemas de salud física y mental y personales.

También se instruye a los reclusos sobre las reglas, condiciones y derechos aplicados en el sistema penitenciario.
Otro de los componentes es la Clasificación de Seguridad Objetiva y Reclasificación de los Delincuentes. Nuestro sistema cuenta con dos instrumentos de evaluación para predecir el riesgo de seguridad que los reclusos representan.

El instrumento de clasificación determina la ubicación inicial del interno en el establecimiento penitenciario a efectos de seguridad, mientras que el instrumento de reclasificación define los niveles de seguridad subsiguientes. Este facilita el movimiento entre niveles de seguridad.

Junto a los niveles de seguridad, se ha establecido un sistema de privilegios que funciona como incentivo para que los reclusos pasen de un nivel de seguridad a otro y los anima a adoptar una conducta más favorable a la integración en la sociedad.

La Gestión de la Unidad es otro segmento que actualmente se aplica en la mayoría de nuestros establecimientos penitenciarios. Para poder implantar esta moderna práctica, el NCS ha avanzado significativamente en la introducción de cambios infraestructurales sustanciales en los establecimientos antiguos y en la construcción de establecimientos nuevos.

Otro de los componentes de nuestra estrategia de gestión de los delincuentes es la Evaluación de Riesgos y Necesidades de los Reclusos y Plan de Tratamiento Penitenciario. La evaluación de riesgos y necesidades es esencial para identificar las necesidades criminogénicas de los reclusos. Conocer sus necesidades y problemas permite elaborar un Plan de Tratamiento Penitenciario que oriente la gestión del recluso con el objetivo de prepararlo para salir de la prisión.

Además, la impartición de programas basados en la evidencia para abordar necesidades criminogénicas específicas es un componente principal del modelo ORMCS. Los programas de rehabilitación impartidos a los reclusos también se dirigen a ayudarles en diversas cuestiones relativas al ajuste y la reintegración.

Estos programas son estructurados y de base cognitiva-conductual. Buscan mejorar los déficits en habilidades en diversos ámbitos. Promovemos varios programas: Motivar a los delincuentes a replantearlo todo (MORE); Gestionar mi consumo de sustancias estupefacientes (MSSU); Violencia de género (GBV) y formación académica y profesional.

En lo que se refiere a la gestión de los reclusos con enfermedades psíquicas, disponemos de dos establecimientos para alojarlos, separados de la población reclusa general. Así es posible gestionar y tratar sus necesidades únicas.

En lo que se refiere a las medidas correccionales comunitarias, tenemos la supervisión comunitaria y las órdenes de servicio a la comunidad. En la supervisión comunitaria, vigilamos a los reclusos que han salido de prisión por libertad condicional o condonación, para ver si cumplen o no las condiciones de su liberación. Las órdenes de servicio a la comunidad son condenas alternativas aplicadas a personas que han cometido delitos menores. Actualmente, el NCS se ocupa también de la supervisión de estos delincuentes.

Nuestra Estrategia Penitenciaria de Gestión del Riesgo del Delincuente (ORMCS) es un enfoque basado en la evidencia que consiste en gestionar los reclusos según sus factores de riesgo.

El Comisario General Hamunyela (centro) durante su visita al matadero de Oshakati.

¿Qué función desempeñan los programas de rehabilitación? ¿Hasta qué punto la cooperación de la comunidad y externa es importante en apoyo de estos y otros programas y proyectos del NCS?

RH: Le corresponde a la rehabilitación del delincuente un papel clave en la impartición de habilidades cognitivas que cambian su conducta, evita el desinterés en los establecimientos penitenciarios y, en consecuencia, minimiza la actividad indeseada entre los reclusos.

Gracias a la programación, los reclusos pueden adquirir habilidades formativas y profesionales que les serán útiles cuando salgan de prisión.

Nuestros programas contribuyen enormemente a su empleabilidad y evitan la delincuencia debida a la pobreza.
Sin la implicación de la comunidad, el NCS no podría cumplir su cometido ni ser eficaz. Del mismo modo que se dice que «es necesaria una aldea para educar a un niño», creo que es necesaria toda una comunidad para rehabilitar y, especialmente, reintegrar un delincuente.

El papel de la comunidad en la rehabilitación y el subsiguiente proceso de reintegración social no puede exagerarse. Los esfuerzos colectivos pueden abarcar desde esfuerzos individuales y esfuerzos por parte de organizaciones que ayudan al NCS con programas de formación o actividades constructivas en beneficio de reclusos y funcionarios, hasta visitas y apoyo a los reclusos por parte de familiares y amistades.

Más allá de las actividades basadas en la institución, la comunidad desempeña un papel destacadísimo en el sentido de cómo acepta el retorno de los delincuentes, cómo los tratamos y el apoyo que les brindamos.
Este apoyo incluye empleo, formación, asesoramiento, consejo constructivo y, en ocasiones, elementos básicos relativos a la vivienda y otras necesidades.

Para subrayar la importancia de la implicación por parte de la comunidad, el NCS ha suscrito numerosos acuerdos con organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Muchas de dichas entidades han ayudado al NCS en múltiples sentidos, en particular con programas para la rehabilitación y la reintegración.

Además, el NCS creó el Comité Asesor de la Comunidad (CAC), integrado por miembros de la comunidad que actúan como un organismo asesor para el establecimiento penitenciario de su zona. Dichos Comités garantizan la implicación de la comunidad en la administración de los establecimientos penitenciarios y el bienestar de los reclusos, además de servir como puente para la comunicación con la sociedad.

El centro de formación profesional LSMCS actúa como centro de excelencia para el NCS. Es uno de los centros de formación profesional de diseño más moderno en África. En colaboración con la ACSA, existen planes para convertir el centro en una Academia Africana de Servicios Penitenciarios.

 JT: Desde hace más de quince años, el NCS cuenta con un centro de formación profesional para el personal.

¿Qué puede decirnos de la importancia y los logros y dificultades
acerca de la formación y el desarrollo del personal en el NCS?

RH: Vemos en la formación un elemento esencial de los centros penitenciarios modernos y de las buenas prácticas de estos. Por este motivo disponemos de una Dirección de Desarrollo de Recursos Humanos y Formación, del que el centro de formación Lucius Sumbwanyambe Mahoto (LSMCS) constituye el componente más importante.

El centro de formación profesional LSMCS actúa como centro de excelencia para el NCS. Es uno de los centros de formación profesional de diseño más moderno en África y, para nuestro Departamento y el Ministerio, constituye un motivo de orgullo. La función principal de la Dirección es trazar la estrategia y diseñar la política para asegurar el desarrollo de la capacidad del personal.

Las responsabilidades fundamentales de la Dirección consisten en coordinar y supervisar los diversos cursos según el programa de formación del Departamento y gestionar los funcionarios que realizan estudios superiores y otros estudios. El principio orientador debe ser el del máximo beneficio para el Departamento, sin dejar de tener en cuenta las elecciones e itinerarios profesionales de cada funcionario.

Hasta el momento, el centro de formación profesional LSMCS ha impartido aproximadamente treinta cursos de Formación Penitenciaria Básica. Tiene por objetivo preparar a los funcionarios de centros penitenciarios para trabajar en un entorno de alto riesgo.

Estos necesitan, al mismo tiempo, habilidades interpersonales y estar en forma para abordar las situaciones.
En colaboración con la ACSA, existen planes para convertir el centro en una Academia Africana de Servicios Penitenciarios.

La Academia impartirá cursos para los diversos niveles de personal penitenciario/de prisiones de África, desde cargos directivos medios hasta altos ejecutivos. Además, emitiría titulaciones reconocidas.

El Comisario General del NCS dice que el centro de formación es un gran orgullo para el Departamento y el Ministerio.

La Covid-19 nos ha brindado la oportunidad de aprender mucho. La conexión y el apoyo mutuo entre el Gobierno y el sector privado es mucho mejor ahora, y los recursos se utilizan con moderación.

¿Cómo ha sido liderar y gestionar el NCS durante la pandemia? ¿Qué dificultades y oportunidades ha supuesto la crisis de la sanidad pública para el servicio penitenciario?

RH: Lidiar con la pandemia de Covid-19 ha conllevado muchas dificultades nuevas. Desde el estallido de la pandemia en 2020, el NCS ha tenido que tomar decisiones duras para proteger la vida tanto de los funcionarios como de los reclusos.

Hubo un momento en que tuvimos que reducir el número de personal presente en nuestros establecimientos penitenciarios; suspender y minimizar la rehabilitación y otras actividades constructivas, además de suspender las visitas de familiares.

Otro ámbito crítico que se vio afectado es el de las relaciones internacionales, ya que se suspendieron los viajes dentro y fuera del país y no pudo haber foros mundiales, continentales y regionales.

Esto nos perjudicó, ya que tales foros han aportado resultados significativos para el NCS a lo largo de los años. Gracias a ellos, pudimos establecer puntos de referencia en relación con la rehabilitación, la seguridad, la producción de alimentos y diversos otros ámbitos. Y lo peor de todo es que perdimos a diez funcionarios y seis reclusos.

La Covid-19 continúa amenazando nuestra capacidad para cumplir con eficacia la misión que se nos ha encomendado. Incluso teniendo un elevado número de funcionarios y reclusos vacunados, el mayor riesgo de infección en los centros penitenciarios persiste.

Mientras las oleadas de la pandemia se sucedan, muchos de los cambios que tuvimos que introducir permanecerán. Sin embargo, nuestro personal sanitario y el personal del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales han llevado a cabo un trabajo excelente manteniendo bajo control el virus en los establecimientos penitenciarios.

Recuerdo un momento de este año en que el Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales manifestó su gratitud al NCS por la forma en que gestionamos el virus.

Sin embargo, también creo que la Covid-19 nos ha brindado la oportunidad de aprender mucho. La conexión y el apoyo mutuo entre el Gobierno y el sector privado es mucho mejor ahora, y los recursos se utilizan con moderación. Hemos descubierto la fortaleza que se oculta tras el trabajo en colaboración.

Además, tengo el orgullo de constatar que tanto los reclusos como los funcionarios penitenciarios respondieron bien a la campaña de vacunación iniciada por el gobierno.

Raphael T. Hamunyela

Comisario General, Servicio Penitenciario de Namibia

Raphael T. Hamunyela se incorporó al NCS cuando tenía unos veinte años, en septiembre de 1994, como funcionario de prisiones. Trabajó en muchos ámbitos de la organización antes de ascender al cargo de Director de Prisiones en 2001. Cinco años más tarde, trabajó en la oficina jurídica de la sede principal del NCS, mientras era estudiante de derecho en la Universidad de Namibia. Se graduó en 2008. Desde entonces, no ha parado de ascender. Primero ocupó el cargo de superintendente y a continuación ocupó el de comisario adjunto, hasta que en 2012 entró en el cargo de subcomisario general. Se diplomó en Administración y Gestión Pública en 2013, y el año siguiente fue designado comisario general.

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