Hacia un enfoque holístico de la desradicalización

El objetivo de este documento es argumentar que un enfoque sostenible de la desradicalización debe tener en cuenta tanto las circunstancias personales como las sociales, prestando atención a los factores de agencia, estructurales y de situación. Para ello, el documento revisará la literatura sobre cómo las personas se radicalizan, por qué permanecen en las redes radicales y cómo deciden finalmente abandonar este estilo de vida. Aparte de la literatura sobre la desradicalización, el artículo se basará en gran medida en la experiencia vivida por quienes participaron en el fenómeno. Por lo tanto, para ilustrar algunos puntos, se mencionará en particular la experiencia de Maajid Nawaz. 


¿Por qué algunas personas se vuelven y siguen siendo radicales?

Una de las teorías más completas y empíricamente apoyadas sobre la radicalización es la llamada teoría de las “3N” desarrollada por Webber y Kruglanski (2017). La teoría también se conoce como la teoría de la búsqueda de significado. En resumen, argumenta que hay tres categorías principales de factores que contribuyen al proceso de radicalización: necesidades, narrativas y redes.

En muchos casos, las personas se radicalizan cuando experimentan la “pérdida de significado” (la pérdida de su propia relevancia e importancia para los otros miembros de la sociedad). Este proceso suele implicar experiencias como la discriminación, la humillación, la injusticia, la vergüenza, etc. Esta pérdida de significado exige un cierre cognitivo que el terrorismo puede ofrecer. En otras palabras, el terrorismo puede definirse como una ganancia de importancia.

Las narrativas son esenciales para justificar la violencia. Además, ciertas narrativas radicales hacen que la violencia no solo sea justificable sino también necesaria. En la mayoría de los casos, las narrativas deslegitiman los objetivos: los deshumanizan, marginan a los grupos, los definen como enemigos, etc.

Las redes son importantes para la validación consensuada de las narrativas. En la mayoría de los casos, estas redes son grupos pequeños que son muy efectivos en la producción de las llamadas “identidades fusionadas”. Las identidades fusionadas son aquellas identidades que son una con la identidad del grupo. Por lo general, así es como se explican los fuertes vínculos dentro del grupo.

Esta teoría fue confirmada también por sucesivos estudios y teorías. Precht (2007), por ejemplo, sugiere que el proceso de convertirse en radical comienza con algunos factores de fondo – tales como cuestiones personales de religión, identidad, discriminación, etc. –, continúa con algunos factores desencadenantes – como la existencia de mentores o líderes carismáticos, o eventos dramáticos – y culmina con el acceso a redes radicales. Borum (2011) también mencionó la predisposición causada por las experiencias vitales como uno de los elementos más importantes de una trayectoria radical.

En su libro (2013), Maajid Nawaz – exislamista – cuenta muchas historias sobre el racismo (por ejemplo, ser llamado “Paki”, ser instado a comer salchichas de cerdo, etc.) y el acoso de la banda Combat 18. Incluso presenció el asesinato de un hombre mientras este lo defendía de la “pandilla de Mikey”, en Inglaterra.


¿Por qué algunas personas deciden dejar las redes radicales?

Muchas personas deciden abandonar voluntariamente las redes radicales por muchas razones. Altier et al. (2014) los dividen en dos categorías: factores de empuje (por ejemplo, sanciones sociales negativas, pérdida de fe en la ideología del grupo, pérdida de estatus, agotamiento, etc.) y factores de atracción (por ejemplo, deseo de una vida normal, maduración, deseo de un futuro diferente, nuevas prioridades como familia, hijos, etc.).

Un interesante estudio basado en 22 exterroristas descubrió que la desilusión con el liderazgo o con los miembros del grupo, el agotamiento y la violencia excesiva son algunos de los factores más importantes que contribuyen a la motivación de la gente para irse (Barrelle, 2014).

A partir de estas observaciones, Barrelle (2014) propone el llamado modelo prointegración, en el que las relaciones sociales, el afrontamiento y la orientación a la acción son los principales pilares de las intervenciones.

En muchos sentidos, estos procesos se aplicaron también en el caso de Maajid Nawaz. Poco después de que se dedicara al reclutamiento, en Pakistán y Egipto, comenzó a sentirse decepcionado con la organización y sus líderes. Dijo: “Empecé a sentirme viejo en mi alma y en mis ojos”.

Después de ser arrestado en Egipto, conoció a personas reformadas y también a personas de Amnistía Internacional y Fair Trials International, que lo trataron como un ciudadano con derechos. Cada vez más comprendió que los otros también son humanos y que no hay justificación real para la violencia.

Comprendió que la injusticia social puede ser desafiada con medios socialmente aceptables. Creó su propia organización, Quilliam, y un partido político en Pakistán, Khludi, para luchar contra el extremismo. Se puede encontrar más información sobre su trabajo en YouTube, TED Talks, Newsnight, etc.


Análisis

Si nos fijamos en los programas existentes en Europa que se ocupan de la desradicalización y la desvinculación, podemos observar que la mayoría de ellos se centran en el individuo y en cómo puede pasar de ser un enemigo a ser un ciudadano dócil.

En la mayoría de los casos, las intervenciones se centran en un componente cognitivo o ideológico o en cómo el individuo encuentra su lugar en la sociedad.

Back on Track – uno de los programas de desvinculación más conocidos de Europa – fue creado en 2012, por el Servicio danés de prisiones y libertad condicional, para ocuparse de los pandilleros, pero también de los delincuentes radicalizados. Su componente principal es la orientación: mentores especialmente seleccionados y capacitados acompañan a ex extremistas violentos para ayudarles a manejar situaciones, problemas y conflictos cotidianos.

Entre – un programa sueco desarrollado por el Servicio penitenciario y de libertad condicional – es un programa individual, basado en las teorías de cognitivo conductuales y de resolución de problemas, diseñado para ayudar a los extremistas violentos a abandonar las redes terroristas y no recurrir al uso de la violencia.

Healthy Identity Intervention (HII) es un programa desarrollado en Inglaterra y Gales para trabajar con antiguos terroristas. Su enfoque principal es la identidad, a la vez que se presta atención a las motivaciones, actitudes y valores que apoyan la violencia.

Si bien todos estos componentes son importantes para cuestionar el comportamiento violento, parece que la dimensión social que se destaca en la literatura científica y conmemorativa se ve seriamente minimizada.

La calle y las escuelas suelen ser los principales escenarios donde se producen las primeras experiencias de discriminación, humillación y racismo, lo que empuja a algunas personas hacia los márgenes de la sociedad. La intolerancia y las ideologías de derecha, que se están expandiendo por toda Europa, también forman parte del problema.

La sociedad moderna y posmoderna se construye de tal manera que cada institución se ocupa de ciertos temas. Las prisiones se ocupan de los prisioneros mientras están en prisión. Las escuelas se ocupan de los estudiantes mientras están en la escuela.

La policía se ocupa principalmente de los malhechores. La libertad condicional se ocupa de las personas condenadas a penas sustitutivas de la prisión o puestas en libertad, etc. Pero ¿quién tiene la responsabilidad general de lo que está sucediendo en las calles? ¿Quién puede liderar la lucha contra la intolerancia y la discriminación? ¿Quién puede hacer que nuestras comunidades sean más inclusivas y humanas?

A falta de respuestas, cada organismo seguirá haciendo todo lo que esté en su mano dentro de su limitado mandato, descuidando al mismo tiempo el panorama gePero: ningún programa de salida para ex extremistas violentos funcionará eficazmente si no se tiene en cuenta a la comunidad y a los componentes de la sociedad.

Por eso necesitamos una política y una práctica integral que sitúe al individuo en el centro de los círculos personales, familiares, comunitarios y sociales. Los gobiernos y las autoridades locales tendrán que tomar medidas sistemáticas para alcanzar este objetivo, al tiempo que se comprometen de manera constructiva con los grupos sociales principales y marginados.

 

Referencias

Barrelle, K. (2014) Pro-integration: disengagement from the life after extremism. Behavioral Sciences of Terrorism and Political Aggression. DOI: 10.1080/19434472.2014.988165

Borum, R. (2011) Rethinking radicalization. Journal of Strategic Security, 4(4): 1-6

Nawaz, M. (2013) Radical: My Journey out of Islamist Extremism. Lyons Press.

Precht, T. (2007) Home grown terrorism and Islamist radicalization in Europe. From conversation to terrorism. Disponible aquí.

Weber, D. and Kruglanski, A.W. (2017) ‘Psychological Factors in Radicalization: a 3Ns Approach’ In Gary LaFree and Joshua D. Freilich (eds) The handbook of the criminology of terrorism. Wiley Blackwell.

 

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El Dr. Ioan Durnescu es profesor en la Universidad de Bucarest, donde enseña y realiza investigaciones relacionadas con el tema de las prisiones y la libertad condicional. Sus áreas especiales de interés son la libertad condicional comparativa y la rehabilitación. Trabaja activamente en temas de desarrollo en varios países de Europa del Este, y también es coeditor de los libros Understanding Penal Practice (Routledge, 2014) y Probation in Europe (Wolf Legal Publishers, 2008). Es coeditor del European Journal of Probation.

 


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