Erika Ender - photo by Ernesto Coria

Prevenir la delincuencia juvenil en Panamá a través del talento y el propósito

// Entrevista: Erika Ender

Cantautora y filántropa, fundadora y presidenta de la Fundación Puertas Abiertas, Panamá

JT: ¿Cómo y por qué creó la Fundación Puertas Abiertas?

EE: La Fundación Puertas Abiertas fue creada en 2009 y la raíz es muy profunda, tiene que ver con la forma en que fui criada ya que mis padres son muy responsables socialmente. Son seres muy espirituales que creen que todos hemos venido a este mundo a amar y servir. Mis padres siempre me inculcaron que debía utilizar mis talentos musicales para el bien común.

Entonces, al ser sumamente conocida en mi país y gozar de mucha credibilidad, sentía que estaba en un momento en el que, con mis conexiones y poder mediático, era mucho más formal y serio tocar puertas en empresas, Gobiernos y otras entidades a través de una Fundación.

A partir de allí empezamos a hacer una campaña de concientización bastante fuerte para erradicar el trabajo infantil. Me uní a la ONG Casa Esperanza y empezamos a hacer aulas de música gratuitas para niños que ya habían sido erradicados del trabajo infantil. Esas clases gratuitas de música tenían el objetivo de sensibilizar y disciplinar a esos niños y que ellos tuvieran alguna forma de decantar a través del arte. El arte y el deporte hacen milagros… A partir de ahí se fue ampliando la Fundación hacia la formación y la educación.

Estoy involucrada en muchas causas. Creo en la formación y en la reformación. La Fundación tiene este gran proyecto TalenPro, que significa justamente «talento con propósito». TalenPro es una competencia que utiliza el arte como vehículo para hacer el bien y reeducar a los jóvenes; involucra competencias en cuatro categorías (Mejor Intérprete, Canción, Grupo de Baile y Trabajo Audiovisual) para jóvenes que están en sus últimos dos años de colegio. Para llegar a la gran final, tienen que cumplir con el talento y el propósito.

Esto incluye reclutar compañeros que van a ayudarles a hacer labores sociales y que van a formar parte de un grupo de talleres, de herramientas para la vida, valores, etc. También tienen que seleccionar una escuela en estado vulnerable y restaurarla bajo nuestra supervisión y con el apoyo y los fondos que les otorgamos. Anualmente, en el marco de este programa, se restauran 12 escuelas. El premio final es que tengan su carrera completamente pagada en Panamá o el extranjero.

Con TalenPro estamos tratando de formar nuevos seres humanos con nuevos hábitos, vocación de servir y empatía para ayudar a los demás y, al mismo tiempo, estamos empoderándoles a través del arte y ayudándoles a alcanzar un entorno mejor.

 

 JT: ¿Cómo es que utiliza la música y las artes para formar y reformar a jóvenes que puedan estar en situaciones de fragilidad socioeconómica?

EE: Intentamos que se den cuenta de que si tienen algún tipo de aptitud la pueden utilizar para llegar a su educación superior. Por ejemplo, los llevamos a conocer a personas que han delinquido para que entiendan lo que no se debe hacer y, además, para que los que han delinquido entiendan cómo sería su futuro si no lo hubieran hecho y cómo pueden tener un futuro mejor saliendo de la situación en la que están. Tratamos de intervenir para desarrollar seres humanos integrales que sepan cómo comportarse y administrarse, que tengan inteligencia emocional y una educación superior para que en ningún momento lleguen a delinquir.

 

JT: ¿Cómo es el modelo de financiación de su proyecto?

EE: ¡Hay que tener una base sólida porque es muy caro arreglar docenas de escuelas! TalenPro vive de patrocinios de empresas privadas y yo misma también hago un aporte de fondos. Además, tenemos convenios, por ejemplo, con una organización del Estado que es quien otorga las becas para los ganadores y da apoyo económico estudiantil a los finalistas. También tenemos algunas instituciones del Gobierno que trabajan de la mano con nosotros, como el Ministerio de Educación, la Alcaldía de Panamá, el despacho de la Primera Dama… La verdad es que nos hermanamos todos para que sea como un “teletón de la educación”.

Empezamos con clases gratuitas de música con el objetivo de sensibilizar y disciplinar a los niños erradicados del trabajo infantil. El arte y el deporte hacen milagros...

JT: Panamá se enfrenta a varios problemas de orden social y de justicia, desde las elevadas tasas de crimen y la violencia de las pandillas, hasta la pobreza, el tráfico de niños y más.
¿En qué medida la Fundación Puertas Abiertas contribuye a la mejora de esos retos a los que se enfrenta su país?

EE: La Fundación hace de todo, me enfoco en todo lo que haga el mundo un lugar mejor. Formando y reformando podemos crear la diferencia porque todas las soluciones están en el ser humano. Por ejemplo, yo he sido la imagen del medio ambiente en mi país y trabajo con la inclusión; soy embajadora global de las Olimpiadas Especiales, pero mi proyecto más grande hasta el momento, dentro de la Fundación, es TalenPro. Además, he visitado el Tribunal Tutelar de Menores, e incluso cárceles de mayores de edad, y visito con regularidad el centro femenino de rehabilitación. Tengo todo un modelo y un programa que quiero desarrollar también para poder ayudar a reformar a seres que necesitan de una segunda oportunidad porque la primera no la tuvieron o no la supieron aprovechar.

En la Fundación ya comprobamos que la parte de formación está funcionando bastante bien y sigue sumando cosas positivas. Quiero mantener la formación y trabajar en la reformación porque todo cambia si tienes un ser humano integral.

 

JT: ¿En qué medida el trabajo de su Fundación ha impactado en la sociedad panameña?

EE: Desde el 2009, el impacto es en miles y miles de personas… Pero si hablo de TalenPro, puedo decir que más de diez mil niños han sido beneficiados en las 24 escuelas que hemos restaurado. Asimismo, tenemos anualmente cerca de 700 jóvenes que hacen labor social…

A nivel nacional, la sensibilización es de hasta 4 millones de personas porque TalenPro lo ve todo el país. Mayormente, es un trabajo conjunto que consiste en cambiar el chip de todos los involucrados, pero también en utilizar los medios para sensibilizar a la mayor cantidad posible de personas.

Estamos metidos en todos los colegios del país y, aparte de eso, a lo largo de los años hemos trabajado en áreas de alto riesgo porque haciendo las aulas de música no solamente le dábamos el servicio a las personas que estaban dentro del aula, sino también a las personas de la comunidad, que son niños y jóvenes de bajos recursos.

Al mismo tiempo, utilizo el hecho de ser una personalidad pública y mi alcance con otros colegas para que algunos de ellos funcionen como motivadores. Hemos tenido incluso personas que han estado en la cárcel —que han salido y tienen historias de éxito— que les dan charlas a los jóvenes. Por ejemplo, Michael Vega es una cara conocida de la televisión en mi país. Cometió un error y se vio involucrado en un caso de tráfico de drogas que lo llevó a la cárcel; sin embargo, corrigió su error y, al reincorporarse a la sociedad, se convirtió en un ejemplo de superación. Él es uno de nuestros motivadores.

Tratamos sobre todo de sembrar valores, de incentivar la autoestima y la empatía, de empoderar a las personas para que sepan que hay un mundo fuera de la delincuencia.

 

JT: Recientemente usted visitó, con su equipo de la Fundación, un centro de detención para jóvenes en conflicto con la ley penal, donde mostró interés en trabajar con quienes están allá bajo custodia (Fuente: Erika Ender recorre instalaciones del Centro de Cumplimiento de Pacora, Telemetro.com, 23 octubre 2018). ¿Qué realidad ha encontrado en ese centro y qué le gustaría desarrollar con esos jóvenes internos?

EE: Ya hemos trabajado con jóvenes que han tenido algún tipo de falta con la ley y con este centro la intención es ver cómo podemos unirlo a lo que estamos haciendo en TalenPro.

La idea es que los competidores puedan compartir con los jóvenes recluidos, que escuchen las historias de lo que pasa afuera y al contrario; el objetivo es poder empoderarlos, poder utilizar algunas de las cosas que hacen dentro del centro en pro de las escuelas que restauramos. Tenemos que pensar de qué manera podemos unir los proyectos para que todos los involucrados salgan beneficiados y los chicos del centro vean el mundo que les podría esperar afuera una vez que entiendan el camino correcto. En ese centro no se centran en castigar sino en empoderar, en que entiendan el error que pudieron haber cometido y que conozcan las oportunidades que a lo mejor no conocieron antes.

Ningún niño viene a este mundo con el sueño de delinquir. Creo que la sociedad y las dificultades te llevan a delinquir; entonces, lo que me gusta de este centro —que tiene mucho que ver con el modelo de reformación que yo estoy haciendo también para otras cárceles— es cómo buscan ese lado positivo y cómo te hacen crecer la autoestima a través del arte, las artes manuales, la construcción, la cocina, etc.

Sin embargo, yo también pienso que primero tenemos que ser para después hacer, para luego tener. Entonces, en el modelo que en el que estoy trabajando, el foco es el ser humano, las heridas del niño dentro de esa persona que, de pronto, se perdió en el camino. Tratamos de entender cuál fue su entorno y cómo podemos limpiar y reconstruir todos esos hábitos y hacer una base sólida y sostenible.

Ningún niño viene a este mundo con el sueño de delinquir. Creo que la sociedad y las dificultades te llevan a delinquir.

JT: Usted nació en Panamá, tiene madre brasileña y vive en Estados Unidos; todos ellos son países con elevadas tasas de encarcelamiento y retos difíciles en cuanto a sus sistemas de justicia penal.
¿Cuál es su visión respecto a los sistemas de justicia y las políticas penales de estos tres países?

EE: No estoy de acuerdo con que se trate a la gente de una forma tan fría, sin entender las historias de cada uno. Deberíamos centrarnos muchísimo más en entender cómo podemos hacer que realmente se reformen las personas en lugar de castigarlas, porque ya es un castigo lo suficientemente grande la pérdida de la libertad como para encima tener que seguir acumulando traumas, malos tratos y todo lo que tienes que sobrellevar dentro de una cárcel para seguir sobreviviendo.

Necesitamos reformar con seguridad. Veamos con ojos de compasión las personas que han llegado a ese punto —lo cual no quiere decir que aplaudamos lo que está mal—, tratemos de llegar a la raíz para entender por qué se ha convertido en un árbol malo y cómo podemos ir a esa raíz para limpiarla.

Ojalá lleguemos al día en Latinoamérica, en países como Brasil o Estados Unidos, en que se cerraran cárceles como está pasando en ciertos países de Europa. Lo esencial es la formación, la educación y la oportunidad. Hay un millón de cosas que hay que entender por detrás, que configuran la esencia del ser humano. No hay manera de que este lugar sea mejor sin que el ser humano pueda entender que el otro es su prójimo, que está pasando por algo determinado y que hay que ver de qué manera podemos arreglarlo.

  

JT: Su vena filántropa está siendo muy reconocida, hasta el punto de haber sido invitada a participar como panelista en la Cumbre por el Bien Social de las Naciones Unidas, en septiembre de 2017, y también en la 10.ª Semana de Seguridad Ciudadana, en noviembre 2018, en Santiago Chile, organizada por el Banco Interamericano de Desarrollo y el Gobierno chileno.
¿Cuáles son los principales mensajes que usted comunica en este tipo de eventos?

EE: Mi principal mensaje es que, al final, todos somos iguales. Somos parte de una misma casa que se llama Tierra y de una misma: la raza humana.

Estamos robotizados en un mundo tan materialista que, muchas veces, nos volvemos egoístas. Si creciéramos en un mundo con mayor autoestima y empatía no tendríamos el caos que tenemos, porque un ser humano que se ama a sí mismo y que ama a su prójimo ni se hace daño ni le hace daño al otro.

Siempre intento llegar al niño que está dentro de nosotros: que vino perfecto, sin discriminación, sin prejuicios, sin paradigmas… Ese niño que todos tenemos tiene el deseo natural de amar y de servir. Intento llegar a él para decirle lo que dice mi canción: «todos somos iguales», no nos pongamos barreras ni nos compliquemos la vida; todos estamos vinculados con todos.

 

JT: ¿Cuáles son sus expectativas para el futuro, en lo que se refiere a trabajar en el área de la rehabilitación y reinserción de quienes están en conflicto con la ley?

EE: Las expectativas son poder aplicar el modelo que tenemos con respecto a valores y herramientas para la vida, añadiendo también el acceso de los jóvenes que estén en rehabilitación a la parte psicológica y de inteligencia emocional. El objetivo es encontrar sus traumas, entender de dónde vienen y hacia donde deberían ir. Para ello, tratamos de unir la posibilidad de que los participantes de TalenPro puedan convivir con ellos de cerca, dentro del centro, y que ambas partes puedan retroalimentarse. Al mismo tiempo, a largo plazo pretendemos poder crear algo a favor de las cárceles de mujeres que tenga todos estos pasos y que se centre, en primer lugar, en una reconstrucción interna, para luego hacer una a nivel del entorno social; de esta manera se podrá conseguir también la sensibilización que necesita la sociedad.

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Erika Ender es una cantante, compositora y actriz panameña. Ha sido galardonada con un Grammy latino y es coautora del hit musical «Despacito» y de muchos otros éxitos de la música latina. Su Fundación Puertas Abiertas, en Panamá, empezó en 2009 un proyecto que utiliza la música y la educación para influir positivamente en las vidas de niños y adolescentes con escasos recursos económicos y en riesgo social. En mayo de 2018, fue galardonada con el Premio Humanitario de la Fundación T.J. Martell, en Los Ángeles, Estados Unidos.

 

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