La familia del recluso y los contactos comunitarios: Más allá del discurso de la rehabilitación hay una necesidad real de acción

En el desarrollado y moderno siglo XXI, el castigo, la retribución, la seguridad, la rehabilitación y la reparación de las sentencias de prisión no se pueden considerar dimensiones aisladas sino entrelazadas que contribuirán, en última instancia, a transformar al individuo y alcanzar el objetivo de su reinserción en la sociedad. Con el propósito de lidiar con los debates opuestos en el espacio público sobre la seguridad de los ciudadanos —y a menudo con discursos políticos contradictorios— los servicios correccionales se comprometen a proporcionar un equilibrio adecuado de las disposiciones de seguridad, programas de rehabilitación basados en la evidencia, así como a organizar una transición sostenible de vuelta a la comunidad y alianzas para su reinserción. 

 

El apoyo de la familia del recluso y los lazos sociales, los vínculos que unen a los individuos con la sociedad, sus instituciones, valores y actividades convencionales, son factores esenciales para la disuasión de comportamientos alejados de la norma y la prevención de la reincidencia. Mientras se encuentran detenidos, los contactos regulares como las visitas personales, o el contacto telefónico y escrito con las familias, ayudan a mantener o reforzar las redes de apoyo social vitales. Este fortalecimiento de los lazos sociales además de disuadir a las personas que se encuentran bajo custodia de establecer una identidad penal, también proporciona al individuo las condiciones necesarias para evitar la reincidencia al ser puesto en libertad, concretamente: apoyo familiar y vivienda o apoyo financiero. Algunos estudios recientes llevados a cabo en establecimientos correccionales de Florida y Canadá indican que el contacto con la familia, en particular las visitas regulares, se asocia con menores tasas de reincidencia[1].

 

Las políticas y prácticas exitosas de todo el mundo contribuyeron a fundamentar las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos (Reglas Nelson Mandela)[2]. En ellas se establece (Regla 58) que “Los reclusos estarán autorizados a comunicarse periódicamente, bajo la debida vigilancia, con sus familiares y amigos: a) por correspondencia escrita y por los medios de telecomunicaciones, electrónicos, digitales o de otra índole que haya disponibles; y b) recibiendo visitas”.

Asimismo, las recomendaciones de la publicación International Penal Reform Global Prison Trends 2018[3] refuerzan que “los Estados deberían facilitar el contacto entre los reclusos y sus familiares y amigos mediante un acceso regular, asequible y fácil al correo, los teléfonos y otras comunicaciones, así como mediante visitas en un entorno limpio, respetuoso y seguro”.

 

El contacto con las instituciones y servicios públicos es igualmente importante como complemento de la acción familiar o de su ausencia. Esos servicios, que tienen una presencia digital cada vez mayor, apoyan la transición de la prisión a la sociedad. Existen ejemplos probados de esos servicios, como la asistencia para la búsqueda de vivienda o empleo, ambos elementos fundamentales para la reintegración efectiva del delincuente.

 

Con la disponibilidad de teléfonos móviles cada vez más pequeños, avanzados y con más funciones, también han crecido las posibilidades de introducirlos de contrabando en el ámbito penitenciario. Una vez que un teléfono móvil ilegal está dentro de la prisión, también puede convertirse en un objeto de poder para algunos reclusos, convirtiéndose en un valioso producto comercializable. Esto, a su vez, contribuye a la violencia y perpetúa la delincuencia y la inseguridad. En caso de descubrir a un recluso en posesión de un teléfono móvil, este puede enfrentarse a medidas disciplinarias que podrían alargar su sentencia de prisión, lo cual, al final, es perjudicial para todos los involucrados. Asimismo, existe el problema de la continuación de las actividades delictivas, coordinadas desde el interior de las cárceles utilizando teléfonos móviles ilegales.

 

En Telio creemos que la necesidad humana de tener un contacto frecuente con la familia o con otras personas importantes es fundamental para reducir la reincidencia y, además, esas actividades también contribuyen a la seguridad pública, ya que brindan una oportunidad y una motivación para desincentivar el tráfico ilegal y el uso prohibido de los teléfonos móviles en los establecimientos correccionales.

 

Nuestra experiencia en casi 19 países demuestra que un mayor acceso a un teléfono seguro gestionado y una mayor duración de esas comunicaciones permiten reducir y controlar los teléfonos móviles ilegales. Esto, en combinación con otras medidas como las prácticas de búsqueda y detección más avanzadas y la inhibición selectiva[4], da lugar a un establecimiento penitenciario más seguro, al tiempo que fomenta la oportunidad de reinserción social de los reclusos.

 

La exitosa experiencia en muchos países sigue contrastando con los resultados de los enfoques penitenciarios restrictivos y las culturas puramente punitivas que caracterizan a otros.  Prohibir, limitar o reducir los contactos con la familia y los amigos ha demostrado sus resultados a lo largo de décadas: se dificulta la seguridad de las prisiones y la seguridad pública. En todo el mundo, la rehabilitación y la reducción de la reincidencia no pueden convertirse en simples palabras de moda en el mundo de los correccionales.

Más allá del discurso de la rehabilitación hay una necesidad real de acción…

 

[1] Otros estudios (Shanahan y Agudelo, 2012) indican que los reclusos dependen de sus familias para que su proceso de adaptación al sistema penitenciario sea más fácil, pero también para que el número de oportunidades de reintegración efectiva sea mayor. Estas conclusiones se ven corroboradas por el estudio de Martínez y Christian (2009), que muestra que mantener un contacto más significativo entre los reclusos y sus familias y unas relaciones prosociales entre ellos conduce a una menor tasa de reincidencia. Shanahan, R. y Villalobos Agudelo, S. (2012). The Family and Recidivism.  American Jails, September/October pp 17-24. ; Martinez, D. & Christian, J. (2009). The familial relationships of former prisoners: Examining the link between residence and informal support mechanisms. Journal of Contemporary Ethnography, 38 (2), 201–224.

[2] Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos. Disponible aquí https://www.unodc.org/documents/justice-and-prison-reform/Nelson_Mandela_Rules-E-ebook.pdf

[3] IPR Global Prison Trends 2018, recomendación 19, disponible en https://www.penalreform.org/resource/global-prison-trends-2018/

[4] Los sistemas de bloqueo inteligentes y eficaces instalados en las prisiones permiten el control completo de las señales de telefonía móvil dentro del perímetro de las instalaciones, a la vez que permiten que los dispositivos oficialmente aprobados sigan funcionando.

 

Referencias

Clark, T. (2001). The relationship between inmate visitation and behavior: Implications for African American families. Journal of African American Men, 6(1), 43-58

Rocque, M., Bierie, D. and MacKenzie, D. (2010). Social bonds and change during incarceration: testing a missing link in the reentry research. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, 52, 673-685

Bales, W. D., & Mears, D. P. (2008). Inmate social ties and the transition to society: Does visitation reduce recidivism?  Journal of Research in Crime and Delinquency, 45,287-321.

Derkzen, D., Gobeil, R., & Gileno, J. (2009). Visitation and post-release outcomes among federally-sentenced offenders. Research report. Ottawa, Ontario: Correctional Service of Canada.

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Con amplia experiencia a la hora de proporcionar servicios de comunicaciones telefónicas seguras en diecisiete países, Telio también ofrece soluciones tecnológicas multimedia y de vanguardia que bloquean de manera efectiva y segura las comunicaciones que los reclusos realizan a través de teléfonos móviles ilegales.

 

 Oliver Drews se licenció en Ciencias Empresariales después de completar su educación como banquero. Comenzó su carrera en Telio como director general y se convirtió en accionista en 2004. En la actualidad es el presidente de Telio Group y es el responsable de la estrategia internacional de Telio. Ha contribuido de forma significativa al crecimiento de la empresa y la ha representado con incansable pasión en diversos eventos y ocasiones, siempre con un enfoque en la responsabilidad social. Desde 2003, también es miembro voluntario de la junta directiva de la mayor asociación comercial  de Alemania.

 


 

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