La educación en prisiones basada en tecnología, en último término, detiene la rueda de la encarcelación

Artículo

Simon Bonk

En el último número de JUSTICE TRENDS Magazine, defendí la idea de que aquello que se obtiene en el sector penitenciario redunda en resultados para la sociedad. Fui coautor en aquel artículo como CIO del Servicio Penitenciario de Canadá. Ahora soy director de Investigación y director de Desarrollo de Nuevo Negocio en Telio. 

Estoy convencido de que los servicios digitales que prestamos, en particular en el ámbito de la educación, pueden romper el ciclo de la encarcelación; tanto para la persona encarcelada como para quienes se encuentran en su ecosistema.   

Parto de la hipótesis de que facilitar la educación del interno contribuye directamente a reducir la reincidencia, y que, por consiguiente, la esfera de influencia del interno puede reducir la encarcelación futura de la generación siguiente.  

Las personas encarceladas ejercen influencia en su comunidad, círculo de amistades, entorno familiar y, especialmente, en las personas jóvenes que forman parte de su vida. Al promover y aceptar el valor de la educación, podemos mejorar la capacidad del interno para conseguir que sus seres allegados se eduquen, se formen; y así lograr que la rueda de la encarcelación se detenga.  

Las soluciones educativas y rehabilitadoras que Telio propone cuentan con un gran potencial para reducir el delito y la encarcelación, ya que su alcance va más allá de la persona delincuente y llega a las personas próximas a esta.  

En el libro Predictably Irrational, Dan Ariely (2008, p. 93) explora la idea de que para mejorar el sistema educativo deberíamos considerar la posibilidad de que la narrativa vaya más allá de profesores, padres, niños y notas de examen y llegue a crear un vínculo positivo con la eliminación de la pobreza, la elevación de los derechos humanos y otros objetivos sociales.  

¿Podemos en el ámbito penitenciario aplicar esta misma lógica a nuestra realidad mientras intentamos elevar la narrativa del sector penitenciario? 

En realidad, defiendo que los resultados penitenciarios más sólidos refuerzan las ganancias sociales; en particular, defiendo que la educación tiene un efecto positivo en las tasas de reincidencia y detiene la rueda de la encarcelación para las generaciones futuras.  

Si bien es necesaria la investigación para establecer vinculaciones empíricas, este artículo intenta en un primer momento aislar los componentes de la hipótesis para después unirlos y crear una lógica circunstancial.  

La primera pata del taburete sirve para reconfirmar que la educación marca la diferencia en cuanto al nivel de reincidencia de la persona encarcelada. Según «How Effective is Correctional Education, and Where Do We Go from Here»? (Davis et al., 2014),  

 

«La educación en los centros penitenciarios para los adultos encarcelados reduce el riesgo de reingreso en prisión tras la puesta en libertad (en 13 puntos porcentuales) y es rentable (supone un ahorro de cinco dólares en costes de encarcelación por cada dólar que se gasta en educación en el centro penitenciario). Y, si nos referimos a la empleabilidad posterior a la puesta en libertad —otro resultado clave para una reintegración satisfactoria—, los investigadores ven que la educación en los centros penitenciarios puede incrementar la tasa de empleabilidad.»

Ello confirma lo que muchos de nosotros reconocemos como correcto, pero no crea el vínculo causal por el cual la educación en el centro penitenciario también tenga un efecto positivo en el ecosistema del interno. 

Entonces, la segunda pata del taburete debe consistir en demostrar el impacto de tener un progenitor en prisión, y el efecto negativo de dicha circunstancia en la educación de los hijos. 

El National Institute of Justice Journal publicó un artículo (Martin, 2017) en el que destacaba que los hijos de las personas encarceladas tenían más probabilidades de ser expulsados de la escuela. Quizás sea necesaria más investigación. 

Sin embargo, basándonos en el estudio, ¿resulta razonable suponer que los resultados en la educación o, simplemente, el compromiso con la educación se ven afectados negativamente cuando un padre o una madre están encarcelados?

Esta premisa empieza presentando la narrativa de que el padre o la madre que está presente y no encarcelado ha de tener un efecto positivo en los resultados educativos de la familia.

Supongamos que se acepta que, cuando un padre está en prisión, es posible que el potencial académico del hijo o de la hija se vea perjudicado. ¿Puede de ello inferirse un incremento de las probabilidades de que el hijo o la hija delinca? 

La tercera pata del taburete sería la influencia general del progenitor en la educación del hijo.  El profesor Steven B. Sheldon (n.d.) escribió sobre la implicación de los padres en la educación.

Destacó que los estudios también mostraron que la implicación parental está asociada con otros resultados del hijo estudiante, por ejemplo en el sentido de tasas inferiores de abandono y absentismo escolar. 

En consecuencia, no hay ninguna duda en cuanto a si la implicación parental puede mejorar los resultados en los estudios. Sin duda, la presencia y el compromiso parental en la educación influyen en la actitud del hijo ante la educación. 

Así, si el padre encarcelado aprovecha las oportunidades educativas y crea una nueva vía para sí mismo, el resultado, tanto en el propio centro como fuera, solo puede ser beneficioso. Tanto durante el proceso como en el retorno al entorno del hogar, el recién descubierto aprecio por la educación podría mejorar significativamente la relación del hijo con la escuela.  

Si aceptamos esta lógica, ¿podríamos estar deteniendo la rueda de la encarcelación para la próxima generación con programas educativos más robustos en nuestras prisiones? 

Las soluciones de educación digital pueden contribuir a reducir las tasas de encarcelación en diversos niveles; primero, reduciendo la reincidencia en la persona encarcelada y, segundo, incrementando las probabilidades de que la próxima generación no entre en la rueda de la justicia penal. 

En Telio promovemos activamente la educación real. Tenemos previsto realizar una prueba piloto de transmisión en directo de cursos de nivel universitario directamente en la celda. 

La solución proporcionará a los internos una experiencia más completa mientras trabajan para superar unos estudios posteriores a la educación secundaria. Tal como se ha destacado, dichos programas surtirán un efecto inmediato y contribuirán ampliamente a reducir la encarcelación futura.

 

Referencias:

Ariely, D. (2008). Predictably irrational: The hidden forces that shape our decisions. HarperCollins Publishers.

Davis, L. M., Steele, J. L., Bozick, R., Williams, M. V., Turner, S., Miles, J., Saunders, J. M., Steinberg, P. S., Rand Corporation, Rand Safety and Justice (Program), & United States (Eds.). (2014). How effective is correctional education, and where do we go from here? The results of a comprehensive evaluation. RAND Corporation. 

Martin, E. (2017). Hidden Consequences: The Impact of Incarceration on Dependent Children. NIJ Journal. 278. National Institute of Justice.

Simon Bonk

Simon Bonk es director de Investigación y director de Desarrollo de Nuevo Negocio en Telio. Crea e implanta enfoques estratégicos en nuevos mercados y construye relaciones con jurisdicciones, investigadores y otras partes interesadas para avanzar en liderazgo intelectual en el ámbito penitenciario. Actualmente es miembro del Consejo del CTA y presidente del Grupo IT ICPA. Bonk es el antiguo CIO del Servicio Penitenciario de Canadá.

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